25.3.09

¿Utopía?

No quiero triunfar, sólo quiero sobrevivir

con esta frase, sentida en muchos de los personajes de esta época, se puede martillar o roer o develar, una vez más, la máscara del mundo moderno; es decir, el gran modelo de sociedad cuyo paradigma recae en el pensamiento moderno se vino abajo.


Con el viraje a una sociedad basada y fundamentada en el mercado, donde los individuos se han trastocado a meros consumidores esclavizados, cuyo dios capitalista a pesar de envolver y seducir magistralmente a sus entelequias consumidoras de modas pasajeras; por más que intente no es posible llenarles el espíritu, porque, lo principal, sus vestidos artificiosos en lugar de liberarlos, los ha esclavizado.


Mientras que unos siguen siendo arrastrados por el río de la máscara; otros emergen con discursos nuevos, con los cuales se podría pensar en un “borrón y cuenta nueva”, en donde el borrón alberga a la CULTURA impuesta, basada, principalmente en la industria, la tecnología y la máquina.


En la “cuenta nueva” el hombre debe parar y reflexionar de nuevo, porque las consecuencias negativas, gracias a la arrogante actitud del hombre moderno ya no pueden esperar más tiempo, ya que lo que hace falta es tiempo para poder subsanar lo más posible la catástrofe.


Las utopías basadas en el aspecto histórico-social del hombre son obsoletas, por ejemplo, la transformación del mundo marxista ya no es posible. Lo importante es rescatar y re-pensar al hombre en cuanto a todo lo que este término alberga: espíritu, cuerpo, racionalidad, irracionalidad, objetividad y locura…; es decir, permitir un espacio para un nuevo tipo de utopía cultural, que no viaje a sendas inalcanzables, sino que sus axiomas-móviles surjan de la lucha contra sí mismo, de la contracultura, de la apuesta por el cambio individual, del rescate del hombre mismo.


Sin embargo las preguntas surgen: ¿Qué rayos se puede hacer? ¿Es posible liberarse de las cadenas culturales, cuando hasta lo más primigenio como el acto sexual, resulta ser un hacer el amor culturalizado. Pero la pregunta culminante es ¿Podemos intentarlo o no? o ¿Queremos intentarlo o no?

5.3.09

¿Qué futuro para la especie humana?

Con la crisis de la modernidad los ideales de progreso y futuro se ponen en duda. Por lo tanto, el individuo de la sociedad contemporánea carece de expectativas y de una visión de futuro, sólo trabaja a partir de un presente instantáneo.


La crisis de la modernidad conlleva una pérdida de sentido, de dirección: el sujeto contemporáneo deja de poseer un horizonte de futuro y una razón de ser.


A diferencia de otras épocas de la historia de la humanidad en las que aún se mantenía cierta comunidad entre los individuos y, por ende, era posible formular una utopía colectiva, en nuestro tiempo esa unidad de individuos ha cambiado para convertirse en fragmentación, individuos aislados sin capacidad de dialogar para formar una causa común.


En lo que toca a esto es ejemplar la novela No será la Tierra, de Jorge Volpi, que retrata el mundo globalizado en el que existe una inmensa pluralidad sin unidad, además de captar toda una serie de individuos sociales que no tienen ninguna expectativa trascendente de futuro, sino sólo la ambición material o de plano una visión desencantada.


Con este panorama de sociedades fragmentadas sólo cabe pensar en un trabajo individual y ya no colectivo. La creación de un ideal, de una utopía, se restringe al espacio propio: es la única revolución que nos queda. En este sentido es interesante observar El club de la pelea de Chuck Palahniuk, texto en el que se desarrolla una intensa batalla del sujeto contra sí mismo con intenciones de revolucionar su espíritu.


En el mundo actual ya no se desea un porvenir excelso, sino más bien se trabaja para que el presente no sea tan nefasto; ya no hay una gran esperanza, sino sólo una en pequeña escala para trabajar sobre el presente.


26.2.09

Libre Mercado


Si reflexionamos sobre la situación actual del mundo podemos encontrarnos con diversas causas que apuntan al estallido de la crisis, entre ellas una evidente ruptura entre la relación que mantenían la economía y la sociedad.


Actualmente, con el fracaso rotundo de la modernidad, el mercado ha sobrepasado a la sociedad. El mundo financiero, se ha erigido como el ser supremo que rige sobre la sociedad mundial. Ese mundo financiero es un mundo virtual en donde la economía es especulativa, donde el dinero se ha convertido en una mercancía y se ha constituido como un mercado virtual que sobrepasa al mercado real, el de las mercancías físicas, tangibles.


En este sentido, Hors Kurniztky analiza en su ensayo "La liquidación de la sociedad por la sociedad misma", el mundo de mercado, haciendo hincapié en la bolsa, en lo que implica jugar en la bolsa con dinero especulativo y es aquí donde plantea la idea de la sociedad de la casualidad, en donde todo se deja a merced de las casuales conste­laciones de las fuerzas globales del mercado”[1], es aquí donde juega el azar, la suerte, la apuesta o al menos eso nos hacen creer las personas que están detrás de las cortinas del mercado, los que realmente manejan el dinero, ya que nada es casual en este mundo.


Sumándose a esto se encuentra la idea del “retorno al destino”.


Por mucho tiempo nuestra sociedad moderna y racional creyó tener todo bajo control pero de pronto se perdió la seguridad, la certidumbre, el control y todo se vino abajo, se entró en un proceso de desmodernización que hizo que volviéramos al destino, al regreso de lo natural, entendido como el curso natural de las cosas, así como el oráculo dictó el destino de Edipo, el mismo oráculo rige el nuestro.


En este mundo globalizado, mercantil, capitalista ¿dónde se encuentra el sujeto entendido como la facultad de pensamiento? El sujeto y la sociedad misma han perdido su autonomía, han desaparecido y en su lugar se ha instalado el mercado, una mancha voraz que es el nuevo sujeto de la historia: inauténtico, masivo y unidimensional.


[1] Tomado de “La liquidación de la sociedad por la sociedad misma” en Retorno al destino, Editorial Colibrí, México 2001.

Fin de los grandes relatos


Este esquema nos presenta los "grandes relatos", grandes paradigmas o grandes valores de la modernidad, de acuerdo con las dos variantes de la razón en occidente: la razón o pensamiento operativo o instrumental que ha dado lugar a la técnica y a la tecnología, y la razón o pensamiento especulativo, en el que se encuentran disciplinas como la filosofía y la literatura.

Lo que en nuestros días ha diferenciado a un tipo de razón o pensamiento de la otra es que la razón operativa genera utilidades, brinda resultados, mientras que la razón o pensamiento especulativo no "sirve" para nada que en términos materiales sea productivo.

El esquema presenta una especie de dialéctica de la modernidad, que opone las radicalizaciones de dichos pensamientos en disciplinas o ámbitos concretos.

Desde el lado de la razón operativa llegamos a la esfera de la economía y el mercado, y por el lado de la razón especulativa al de la filosofía humanista. En medio de ambos opuestos se localiza la esfera mediadora o reguladora que inventó el hombre moderno: la política y el Estado. El Estado cuyos grandes valores serían la seguridad y la certidumbre, así como la prática de la equidad que, en términos generales, se traduce en solidaridad. Todos estos valores se inscriben dentro de una visión del mundo que cree en el progreso y en el futuro.

Sin embargo, hoy por hoy, sabemos que nuestra única certeza es la incertidumbre porque el mundo moderno sustentado en la razón, el hombre como la medida de todas las cosas y en el Estado como agente eficaz de la regulación de las relaciones entre los ciudadanos, ha fracasado, dejó de cumplir sus grandes promesas, sus grandes relatos.

No obstante, ninguno de nosotros ha dejado de tener certeza en si mismo o en su propio futuro. No está en nuestro esquema mental pensar de una manera distinta.

Pese a que la única certeza que tenemos es que vamos a morir, se trata de una certeza a medias porque no sabemos cómo, cuándo ni a qué hora y, además, en el pensamiento de occidente es una "verdad" que, aunque se conozca, se rechaza.

18.2.09

Babel, González Iñárritu

La Torre

La película Babel, del cineasta mexicano Alejandro González Iñárritu es un buen ejemplo de la globalización.

Curioso caso es que dentro de un proceso de globalización que se presupone unificador, las diferencias se radicalizan; una reflexión que se recrudecerá cuando abordemos la película Niños del hombre.

La vieja Babel, en la actualidad, se puede leer como una metáfora del gran proyecto humano de emancipación sobre la naturaleza, ya que la torre de Babel "fue" un intento por alcanzar el cielo, un oprobio ante los ojos de Dios que castigó a la humanidad con la diferenciación de lenguas.


La torre no llega a ser terminada porque los hombres no fueron capaces de entenderse. Babel, la película, es una inmersión en el fenómeno de la globalización como reunificador de los pueblos; lo paradójico es que la globalización, al hacerlo a partir de una reducción de la cultura y de las lenguas, un reducción que llega a colindar con los límites de la exclusión, no reunifica a los seres humanos sino que los divide y los aísla con mayor agudeza.


‘The Construction of the Tower of Babel’, de Hendrick III van Cleve, siglo XVI, Kröller-Müller Museum, Otterlo.

Babel

En la película puede o puede no haber una historia central entre las que cuenta. Pero sin duda una de historia muy importante para el hilo argumentativo de Babel es que nos habla de la familia japonesa, ya que:


1. Es el punto que desata una “concatenación catastrófica”, y en el que desemboca: el rifle con el que los niños marroquíes disparan al autobús de turistas fue un regalo hecho por el hombre japonés a un pastor también marroquí.


2. Al ser la comunicación (incomunicación) uno de los temas centrales, en esta historia nos enfrentamos ante un obstáculo inmediato: la muchacha es sordomuda.


3. Ella encarna el monstruo de una sociedad encantada por la seducción real y subliminal, y que vive en una megalópolis posmoderna dominada por los prejuicios.



Desde una aproximación fenomenológica, la joven desnuda en la terraza de su departamento logra comunicarse con su padre a través ya no de gestos ni de notas en su libreta personal ni obviamente por palabras; lo hace a través de los sentimientos.


La película es esperanzadora desde esta lectura, ya que los sentimientos, la empatía, de la que en gran medida la literatura es "facilitadora", son una oportunidad como rebelión del hombre concreto.


Una reflexión: La respuestas inasertivas dadas por los personajes en momentos de alta tensión, aquellos en el que se refleja el dasein existencialista, el estar ahí, nos revelan lo que menciona John Gray en su texto: la mayoría de las acciones de los seres humanos están más allá de su voluntad y son irracionales e inconscientes.


La “concatenación catastrófica” es un encadenamiento descontrolado de falta de atención, asertividad e irresponsabilidad, en suma, imprudencia. Tal vez como lo mayoría de los actos que cometemos.


La película nos muestra que se ha perdido la comunicación y la capacidad de escucharnos a nosotros mismos.


“El dolor y la tragedia es lo que verdaderamente une a la gente”,
menciona el propio Iñárritu, pues las racionalidades diversas, según palabras del filósofo italiano Gianni Vattimo, se muestran en todo su esplendor pero sin constituir un entendimiento o una compresión mutua entre las personas, las racionalidades particulares.


Globalización

Primera y Segunda Modernidad

Desde la primera modernidad, se observa que el Estado se debilita, pues va perdiendo la función de gobernar, y por tanto, los individuos son los que asumen verdaderamente el riesgo, pues quedan a la deriva, sin nadie que los proteja.


La segunda modernidad se abre con el riesgo total, pues, al ya no haber nadie que sea capaz de amparar a los individuos, éstos se preguntan: ¿hacia dónde ir sin nadie que nos proteja?


Esta segunda es una modernidad radicalizada; en ella la razón y el progreso fueron llevados hasta el extremo bajo el dominio del Mercado. El individuo sólo se ocupa del negocio, de la razón y de la tecnología.


El riesgo, desde un punto de vista positivo puede ser visto como una oportunidad. Lo cual significa entender que estamos ante una crisis, es decir un cambio: algo llegó a su fin y algo nuevo está emergiendo.


La crisis llevó a la Globalización, y esta se ha de entender como una nueva organización del mundo.


Si vemos el cambio una oportunidad para crecer ante la adversidad, hay que aprender a hacerlo. De esta forma, el riesgo toma un carácter positivo, ya que podría crear la cultura de afrontar y no la de simular o mentir.


Ulrich Beck, en su artículo “Entre la economía mundial y la individualización, el Estado nacional pierde su soberanía: ¿qué hacer?”, en lo medular expone la diferencia entre tres término básicos para entender el fenómeno de la globalización.


  • Globalismo: la ideología o doctrina (manera de ver) del fenómeno en el cual el Mercado (excluyente) sustituye al Estado.
  • Globalización: el proceso mediante el cual se lleva a cabo la doctrina (la empresa es la que manda al gobierno).
  • Globalidad: espacio o contexto. Donde se presenta la Sociedad de riesgo. Globalidad resultante: pluralidad sin unidad.


Para poder entender la literatura de la segunda modernidad hay que comprender las implicaciones y la complejidad de este proceso para posteriormente hacer una aproximación al drama existencial o bien a la interiorización individual de esta crisis global.


Ya no se trata del paso de lo rural a lo urbano, sino que ahora se trata de un proceso, una visión y un ámbito en el que las sociedades han dejado de tener un Estado nacional rector con un territorio muy bien delimitado.

15.2.09

Arte y crisis

Las letras y las artes en la crisis de nuestro tiempo


La cultura moderna, occidental dio como resultado la cosificación del hombre. En el proceso de racionalización de la sociedad capitalista, el hombre pasó de ser un hombre natural a ser un hombre máquina, perdió su autonomía (autenticidad dirán algunos) y se convirtió en un hombre masa.


La crisis que vislumbra Sábato debe ser entendida como una ruptura, un cambio: hay un antes y un después; se trata del fin de una determinada civilización y un determinado tipo de ser humano y el comienzo de otros.


Si la crisis se constriñe a un determinado contexto, las expresiones culturales y artísticas se ven “afectadas” por ella, es decir, no son ajenas a dicho contexto y por tanto, más atinado que hablar de crisis del arte sería hablar del arte que describe la crisis o que la interioriza. Por lo mismo, la novela actual, aunque sea light, da cuenta de esa crisis, ya que refleja la realidad de la ruptura. Es arte de la crisis.


Sábato hace una apología sobre "el hombre concreto” en contra de la mecanización y matematización de la vida y del hombre. Dicha apología, dicha defensa, la hace a partir de enaltecer el papel de la literatura que, a su entender, es fenomenología pura.


Esto significa aproximarse a las cosas no de un modo racional sino por un proceso que observa las cosas en tanto son ellas mismas, sin la intervención de nuestra propia percepción ni interpretación, sin el intermediarismo de nuestro propio yo, o sea: nuestras fobias, filias, emociones trastornadas o prejuicios; es decir, una aproximación no racional que permita a la intuición ser un modo de entendimiento y de conocimiento admitibles.


9.10.08

Invitación 6to ENELL



Se les invita al

VI Encuentro Nacional de Estudiantes de Literatura y Lingüística
“De eFectos literarios”


Palacio de Minería, octubre 20-25
$50

Atte. Fabiola García San Vicente