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20.2.12

99 FRANCOS

Dejo el trailer de la película francesa 99 francos (al dar clic sobre el título los lleva a youtube) cuyos temas son la sociedad de consumo y la publicidad. Es una película muy crítica; también hay un libro.
Les copio el enlace para que la vean online si tienen oportunidad. Tiene que ver con el artículo que leeremos para el viernes de Zygmunt Bauman "Turistas y vagabundos"

Link para verla online: peliculasid.biz/1313/99-francos_Subtitulada.html

5.3.09

¿Qué futuro para la especie humana?

Con la crisis de la modernidad los ideales de progreso y futuro se ponen en duda. Por lo tanto, el individuo de la sociedad contemporánea carece de expectativas y de una visión de futuro, sólo trabaja a partir de un presente instantáneo.


La crisis de la modernidad conlleva una pérdida de sentido, de dirección: el sujeto contemporáneo deja de poseer un horizonte de futuro y una razón de ser.


A diferencia de otras épocas de la historia de la humanidad en las que aún se mantenía cierta comunidad entre los individuos y, por ende, era posible formular una utopía colectiva, en nuestro tiempo esa unidad de individuos ha cambiado para convertirse en fragmentación, individuos aislados sin capacidad de dialogar para formar una causa común.


En lo que toca a esto es ejemplar la novela No será la Tierra, de Jorge Volpi, que retrata el mundo globalizado en el que existe una inmensa pluralidad sin unidad, además de captar toda una serie de individuos sociales que no tienen ninguna expectativa trascendente de futuro, sino sólo la ambición material o de plano una visión desencantada.


Con este panorama de sociedades fragmentadas sólo cabe pensar en un trabajo individual y ya no colectivo. La creación de un ideal, de una utopía, se restringe al espacio propio: es la única revolución que nos queda. En este sentido es interesante observar El club de la pelea de Chuck Palahniuk, texto en el que se desarrolla una intensa batalla del sujeto contra sí mismo con intenciones de revolucionar su espíritu.


En el mundo actual ya no se desea un porvenir excelso, sino más bien se trabaja para que el presente no sea tan nefasto; ya no hay una gran esperanza, sino sólo una en pequeña escala para trabajar sobre el presente.


26.2.09

Fin de los grandes relatos


Este esquema nos presenta los "grandes relatos", grandes paradigmas o grandes valores de la modernidad, de acuerdo con las dos variantes de la razón en occidente: la razón o pensamiento operativo o instrumental que ha dado lugar a la técnica y a la tecnología, y la razón o pensamiento especulativo, en el que se encuentran disciplinas como la filosofía y la literatura.

Lo que en nuestros días ha diferenciado a un tipo de razón o pensamiento de la otra es que la razón operativa genera utilidades, brinda resultados, mientras que la razón o pensamiento especulativo no "sirve" para nada que en términos materiales sea productivo.

El esquema presenta una especie de dialéctica de la modernidad, que opone las radicalizaciones de dichos pensamientos en disciplinas o ámbitos concretos.

Desde el lado de la razón operativa llegamos a la esfera de la economía y el mercado, y por el lado de la razón especulativa al de la filosofía humanista. En medio de ambos opuestos se localiza la esfera mediadora o reguladora que inventó el hombre moderno: la política y el Estado. El Estado cuyos grandes valores serían la seguridad y la certidumbre, así como la prática de la equidad que, en términos generales, se traduce en solidaridad. Todos estos valores se inscriben dentro de una visión del mundo que cree en el progreso y en el futuro.

Sin embargo, hoy por hoy, sabemos que nuestra única certeza es la incertidumbre porque el mundo moderno sustentado en la razón, el hombre como la medida de todas las cosas y en el Estado como agente eficaz de la regulación de las relaciones entre los ciudadanos, ha fracasado, dejó de cumplir sus grandes promesas, sus grandes relatos.

No obstante, ninguno de nosotros ha dejado de tener certeza en si mismo o en su propio futuro. No está en nuestro esquema mental pensar de una manera distinta.

Pese a que la única certeza que tenemos es que vamos a morir, se trata de una certeza a medias porque no sabemos cómo, cuándo ni a qué hora y, además, en el pensamiento de occidente es una "verdad" que, aunque se conozca, se rechaza.

18.2.09

Globalización

Primera y Segunda Modernidad

Desde la primera modernidad, se observa que el Estado se debilita, pues va perdiendo la función de gobernar, y por tanto, los individuos son los que asumen verdaderamente el riesgo, pues quedan a la deriva, sin nadie que los proteja.


La segunda modernidad se abre con el riesgo total, pues, al ya no haber nadie que sea capaz de amparar a los individuos, éstos se preguntan: ¿hacia dónde ir sin nadie que nos proteja?


Esta segunda es una modernidad radicalizada; en ella la razón y el progreso fueron llevados hasta el extremo bajo el dominio del Mercado. El individuo sólo se ocupa del negocio, de la razón y de la tecnología.


El riesgo, desde un punto de vista positivo puede ser visto como una oportunidad. Lo cual significa entender que estamos ante una crisis, es decir un cambio: algo llegó a su fin y algo nuevo está emergiendo.


La crisis llevó a la Globalización, y esta se ha de entender como una nueva organización del mundo.


Si vemos el cambio una oportunidad para crecer ante la adversidad, hay que aprender a hacerlo. De esta forma, el riesgo toma un carácter positivo, ya que podría crear la cultura de afrontar y no la de simular o mentir.


Ulrich Beck, en su artículo “Entre la economía mundial y la individualización, el Estado nacional pierde su soberanía: ¿qué hacer?”, en lo medular expone la diferencia entre tres término básicos para entender el fenómeno de la globalización.


  • Globalismo: la ideología o doctrina (manera de ver) del fenómeno en el cual el Mercado (excluyente) sustituye al Estado.
  • Globalización: el proceso mediante el cual se lleva a cabo la doctrina (la empresa es la que manda al gobierno).
  • Globalidad: espacio o contexto. Donde se presenta la Sociedad de riesgo. Globalidad resultante: pluralidad sin unidad.


Para poder entender la literatura de la segunda modernidad hay que comprender las implicaciones y la complejidad de este proceso para posteriormente hacer una aproximación al drama existencial o bien a la interiorización individual de esta crisis global.


Ya no se trata del paso de lo rural a lo urbano, sino que ahora se trata de un proceso, una visión y un ámbito en el que las sociedades han dejado de tener un Estado nacional rector con un territorio muy bien delimitado.

15.2.09

Arte y crisis

Las letras y las artes en la crisis de nuestro tiempo


La cultura moderna, occidental dio como resultado la cosificación del hombre. En el proceso de racionalización de la sociedad capitalista, el hombre pasó de ser un hombre natural a ser un hombre máquina, perdió su autonomía (autenticidad dirán algunos) y se convirtió en un hombre masa.


La crisis que vislumbra Sábato debe ser entendida como una ruptura, un cambio: hay un antes y un después; se trata del fin de una determinada civilización y un determinado tipo de ser humano y el comienzo de otros.


Si la crisis se constriñe a un determinado contexto, las expresiones culturales y artísticas se ven “afectadas” por ella, es decir, no son ajenas a dicho contexto y por tanto, más atinado que hablar de crisis del arte sería hablar del arte que describe la crisis o que la interioriza. Por lo mismo, la novela actual, aunque sea light, da cuenta de esa crisis, ya que refleja la realidad de la ruptura. Es arte de la crisis.


Sábato hace una apología sobre "el hombre concreto” en contra de la mecanización y matematización de la vida y del hombre. Dicha apología, dicha defensa, la hace a partir de enaltecer el papel de la literatura que, a su entender, es fenomenología pura.


Esto significa aproximarse a las cosas no de un modo racional sino por un proceso que observa las cosas en tanto son ellas mismas, sin la intervención de nuestra propia percepción ni interpretación, sin el intermediarismo de nuestro propio yo, o sea: nuestras fobias, filias, emociones trastornadas o prejuicios; es decir, una aproximación no racional que permita a la intuición ser un modo de entendimiento y de conocimiento admitibles.


9.9.08

Próspero y Calibán



La figura del tirano ilustrado hay que entenderla en el sentido de la sabiduría dirigida a la práctica. Esa es la dirección que tiene la modernidad.

La sociedad moderna se caracteriza no sólo por el saber, por la búsqueda de conocimiento, por eso que se ha dado en llamar “desencantamiento del mundo” digamos del mito, de la magia, de la idealización de la naturaleza.


Desencantamiento como conocimiento, como indagación en la naturaleza por medio de la ciencia.

No sólo es desencantamiento del mundo, no sólo es alumbrar esa parte sombría de la naturaleza a la cual sólo conocemos por medio del mito. Es al mismo tiempo afán de transformación de la naturaleza.

No sólo es la característica central de la modernidad, sino de la cultura de Occidente desde la Grecia clásica, los presocráticos.

Si leyéramos a Homero, aún con el encantamiento del mundo presente en la Ilíada o la Odisea, vamos a encontrar atisbos de dirección hacia la práctica: producción, economía.

Y por eso está tan ligado el tema del hombre ilustrado al hombre de conocimiento teórico que es eficaz en la operación.

Esta sería una de las críticas que se le harían al estudiante universitario de la Facultad de Filosofía y Letras, pues es un estudiante orientado fundamentalmente al mundo de los libros, al plano de las ideas, a la discusión teórica, y tiene por lo tanto un saber libresco.

Y esa sería su gran “falla” en el mundo occidental y sobre todo hoy que está exacerbadamente dinamizado por la acción práctica que es lo que se privilegia actualmente.

La diferencia hoy día está en el saber y el hacer. ¿Qué haces con lo que sabes? Por eso Adorno y Horkheimer hablan del pensamiento en continuo progreso. No sólo aprender cosas nuevas sino ese conocimiento transformarlo en cosas nuevas.

Y no es raro entonces que el personaje central de
Los libros de Próspero lleva implícito en su nombre la idea de Progreso, y por tanto la idea de Futuro.

La gran revolución filosófica que implica la modernidad es primero la del saber como razón operativa, la del saber como conocimiento para la práctica, y por eso todo se convierte en un objeto de cálculo; después, la revolución del individuo, y la otra gran revolución es la revuelta del futuro; todo con dirección a cómo voy a estar mañana, y para estar cómo quiero estar tengo que actuar.

Esa es una diferencia radical entre el pensamiento moderno y el utópico. Nosotros como latinoamericanos no hemos aprendido esa parte, de que hay que hacer algo para que mañana sea mejor. Eso no nos funciona, nosotros simplemente tenemos en que mañana probablemente sea mejor. No trabajamos a futuro con planes, con programas.

El tema de Calibán es un tema central en la cultura de nuestra América. Es la gran discusión. Nada mejor que el mito de Calibán, que está en Shakespeare, Renán y en muchos otros autores. Es un tema que está en la historia de las ideas de Iberoamérica. Alrededor de él se ha problematizado filosóficamente, políticamente, sociológica, ética y étnicamente el tema de quiénes somos. Y a partir de ahí, de esa relación entre Próspero y Calibán, no sólo la relación Civilización y barbarie, sino la relación entre la condición del ser iberoamericano y la utopía de Iberoamérica.

Porque la utopía va a estar muy determinada por querer ser como Próspero, por querer asumir la civilización que representa el conquistador, Próspero pero en el sentido de la Europa moderna, más que España.

La película se llama Los libros de Próspero, y ¿qué hay detrás de ello?
Hay un ansia de absoluto.

Esta es otra de las características centrales de la modernidad, que va a formar parte de la utopía de los iberoamericanos, que nos va a costar mucho llegar a eso.

Uno tiene una experiencia X y conoce esto, pero también va teniendo varias experiencias de diverso tipo. Y lo que tiene al final es el conocimiento de diversas partes, un conocimiento fraccionado, sabemos cosas, sabemos un poco de Cortázar, otro poco de Onetti, otro poco de Kant, otro poco de allá y otro tanto de allá. El tema es que se nos pregunte ¿qué concepto tenemos de la vida?

Eso está en todas las experiencias. Pero como está fraccionado, yo todavía no he hecho la integración de todo lo que he amado, vivido, leído, soñado, sufrido, trabajado, estudiado, para tener una visión propia, un pensamiento propio: “este es mi pensamiento y este pensamiento lo puedo abrir hacia la política, la sociedad, la economía y lo filosófico y esta es mi gran visión del mundo”.

A esto se llega después de un trabajo intelectual de fondo. Ese es el trabajo que hace el humanista, el llamado intelectual. Y este es el objetivo. No saber un montón de cosas separadas. No se trata de “saber muchas cosas”, sino de “integrar todo en tu propia personalidad”.

Eso se hace acudiendo a todas las referencias que vayamos encontrando en cada cosa que leamos, escuchemos, descubramos, conozcamos, para descubrir el por qué de las relaciones.
Esa es la vocación de absoluto. La construcción de la Totalidad. Es decir donde todas las partes no funcionan separadas sino en sus relaciones. Y esto es un sistema.

La totalidad es lo que se conoce como el concepto, una verdad o una categoría.

Entonces, no es que Próspero quiera leer muchos libros y ser un hombre culto. Sino que con todo lo que ha leído ha construido un pensamiento. Occidente es todo un pensamiento, todo un sistema.

Y eso de alguna manera convierte al hombre en una especie de Dios. Su herramienta es la razón.

La síntesis de la síntesis es el absoluto, y este es el resultado de una abstracción que exige la capacidad de discernimiento, un tipo de cabeza muy particular.

Pero no sólo para acumular conocimiento sino para que todo se integre a la vida y a la personalidad propia. De modo que cuando uno pase, se note porque "pesa".

Retomando el tema de Próspero, el dota de lenguaje a Calibán, ¿qué significa eso, qué le da con el lenguaje?

Con el lenguaje le da una organización del pensamiento, una historia, una visión de mundo, una cárcel y posibilidades.

Si le da una organización del pensamiento no es porque crea que Calibán no piensa, sino que no piensa de acuerdo con el sistema occidental, la visión del pensamiento eficaz, orientado a la práctica y con el fin de obtener resultados.

Por ejemplo un anuncio de hace algunos años del vino Calafia que decía “es que salen buenos”. Y no se trata de eso sino de que “sean buenos”. A Próspero no es que le salga, sino que él sabe; son dos cosas distintas.

Al darle una historia y una visión de mundo lo hace parte de una cultura, lo conquista y lo transforma.

Por ejemplo, yo a un niño huérfano lo hago parte de mi familia. Alguien podría decir, “bueno, ¿y qué culpa tiene el niño?” Sí, puede que tenga razón; lo salvo y lo condeno al hacerlo parte de mi historia, sin embargo también le concedo, como parte de mi familia en la cultura moderna, posibilidades.

Nunca somos del todo libres. El lenguaje es así: da posibilidades pero siempre se topa con límites.

Además de todo lo anterior, también le da una identidad. Por eso podemos decir que los países iberoamericanos formamos parte de la cultura occidental con aspiración moderna.

Es importante mencionar lo ambivalente que puede llegar a ser un símbolo como Calibán.

Nosotros somos hijos, como iberoamericanos, de Portugal y España por un proceso de Conquista y Colonia brutal. Es violencia de una cultura sobre otra cultura.

Tenemos que desmitificar el término cultura, que de repente aparece como una cuestión muy noble, cuando es un campo de batalla.

Entonces en nombre de la cultura se disputa el control del mundo. Y eso lo tenemos a lo largo de toda la historia humana. Y nosotros a raíz de ese choque violento entre culturas tenemos una identidad.

Y pese a ser resultado de ese choque, hoy día es algo que defendemos. No queremos otro choque porque “afecta nuestra identidad”. Y entonces un radical defendería reticentemente su identidad. Otro más libre diría “afecta nuestra identidad ¿y qué? Si el choque cultural se sigue dando y se va a seguir dando”.

Sobre todo actualmente con el fenómeno de la globalización y la liberalización del mercado, que las culturas se tocan, a través del intercambio de productos que también son lenguaje.

La cultura es un choque tremendo, es un terreno de intolerancia tremenda. Sin embargo está hecha de esa mezcla. Entonces la identidad no es un proceso estático; vamos cambiando.

Existe la alteridad, no la identidad. Sin embargo hemos creado toda una utopía alrededor de un problema inexistente, de algo que no es.

La identidad es una cárcel. No te deja ser otra cosa. Y ahí está Romeo y Julieta: «No te puedes enamorar de esa otra familia, porque nosotros somos una cosa y ellos otra».

Probablemente nuestras identidades y los símbolos que las representan en un futuro no muy lejano van a cambiar.